LA ESCULTURA “CRISTO SIN HOGAR” — HOMELESS JESUS O JESÚS SIN TECHO
Tiene una historia especialmente fuerte porque no nació de una escena bíblica imaginada, sino de una persona real que su autor vio en la calle.
Su original autor, es el escultor canadiense Timothy P. Schmalz, especializado en arte religioso en bronce. Hacia 2012, durante el invierno y en época de Navidad, Schmalz vio en Toronto a un hombre sin hogar durmiendo a la intemperie sobre un banco. Según ha contado posteriormente, al verlo tuvo una asociación inmediata: “esto es Cristo”. De aquella impresión surgió la idea de representar a Jesús no glorioso, coronado o crucificado, sino como una de las personas que normalmente pasan inadvertidas en las ciudades.
Lo extraordinario de la escultura es que la obra, realizada en bronce a tamaño natural, representa a una persona completamente envuelta en una manta y acostada sobre un banco. No se ve el rostro de Cristo Jesús. Tampoco sus manos.
Solamente hay una pista que permite saber quién es: los pies sobresalen de la manta y presentan las heridas de los clavos de la crucifixión.
Ese detalle es deliberado. El espectador primero cree estar ante un indigente cualquiera y solamente después descubre que está mirando al Cristo.
Para Schmalz, ése es precisamente el mensaje.
EL FUNDAMENTO EVANGÉLICO
La inspiración teológica fundamental es Mateo 25, particularmente las palabras de Cristo:
“Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron.”
Schmalz explica que la escultura pretende hacer visible esa enseñanza: si Cristo está presente en el pobre, el marginado o quien no tiene hogar, pasar indiferentemente junto a esa persona equivale simbólicamente a pasar junto a Cristo sin reconocerlo. Su propia página incluye Homeless Jesús dentro de sus obras inspiradas en Mateo 25 y las obras de misericordia.
Hay además un detalle que me parece muy importante: el banco no está completamente ocupado. Queda espacio para que una persona pueda sentarse junto a la figura. De esa manera, el espectador deja de estar simplemente observando una estatua y puede literalmente sentarse al lado de Cristo.
AL PRINCIPIO FUE RECHAZADA
La historia se vuelve todavía más interesante porque la imagen resultó incómoda incluso para algunos ambientes religiosos.
Schmalz ofreció los primeros ejemplares a la Catedral de San Miguel de Toronto y a la Catedral de San Patricio de Nueva York. Ninguna de las dos terminó instalándolo entonces. En Toronto se explicó que la aceptación de la obra no había sido unánime y que la catedral estaba en restauración; San Patricio también estaba atravesando obras.
Finalmente, el primer ejemplar fue instalado frente a Regis College, la facultad jesuita de teología vinculada con la Universidad de Toronto.
Y esa resistencia inicial es casi parte del significado de la obra: un Cristo pobre y aparentemente abandonado resultaba mucho más perturbador que las representaciones religiosas tradicionales.
HUBO GENTE QUE CREYÓ QUE ERA UN INDIGENTE REAL.
Cuando una copia fue colocada frente a la iglesia episcopal de St. Alban’s, en Davidson, Carolina del Norte, en 2014, provocó una reacción enorme.
La estatua era tan realista que una mujer llegó a llamar a la policía creyendo que había una persona sin hogar durmiendo frente a la iglesia. Otros vecinos se quejaron de que la figura no resultaba apropiada para aquel barrio acomodado. Para Schmalz, precisamente ésa era la finalidad: él mismo dijo que la obra había sido creada para “desafiar” al espectador.
Ese episodio expresa perfectamente la paradoja de la escultura: algunas personas se sentían incómodas mientras pensaban que estaban viendo a un indigente; cuando descubrían las heridas de los pies, comprendían que estaban viendo al Cristo Jesús.
EL ENCUENTRO CON EL PAPA FRANCISCO
En noviembre de 2013, Schmalz llevó una versión pequeña de Homeless Jesus al Vaticano durante una audiencia general.
Según el relato del escultor, el papa Francisco se acercó, tocó las rodillas y los pies de la figura, cerró los ojos y rezó.
Años después, durante la Semana Santa de 2016, una versión de tamaño natural fue colocada dentro del Vaticano, en el patio de San Egidio, junto a las oficinas de la Limosnería Apostólica. El propio Vaticano explicó oficialmente el origen y el sentido de la obra.
Desde entonces se han instalado copias en numerosos países. En 2025, Vatican News señalaba que existían cerca de un centenar de réplicas en lugares como el Vaticano, Nueva York, Madrid, Barcelona, Dublín, Río de Janeiro y otros puntos del mundo.
LO QUE HACE TAN PODEROSA A LA OBRA
Creo que la clave está en que Schmalz deliberadamente no permite reconocer al Cristo Jesús por el rostro.
Primero vemos simplemente a “otro”: un pobre, un desconocido, alguien dormido en la calle.
Después vemos las heridas.
Y solamente entonces comprendemos:
era Cristo Jesús desde el principio.
Eso transforma la escultura casi en una pregunta dirigida al espectador: “¿Habrías tenido compasión si no hubieras visto las heridas y no supieras que era el Cristo Jesús?”
Esa es probablemente la razón por la cual Cristo sin hogar se ha convertido en una de las esculturas religiosas contemporáneas más conocidas.
En nuestro País, de raíz Cristiana muy profunda, el escultor Emilio Ríos habiendo recibido el encargo de llevar adelante este concepto y con algunas modificaciones. Lo ha logrado en cemento y arena de una forma fantástica.
Pero si nos fijamos bien, el original solo deja al descubierto los pies, como salidos de la sombra de la manta qué cubre el cuerpo, esta obra que se presenta deja igual al descubierto la mano del Cristo Jesús mostrando igualmente las huellas de su calvario en la Cruz. Pero falta un detalle más que se ha incorporado y oportunamente será puesto a entendimiento.
Si observas con atención a cada ser vivo, verás en el la Obra de Dios.