Una pieza potencialmente excepcional, la cual es mucho más que una antigua imagen religiosa.
Lo conocemos como una talla devocional de campaña, o “arte de trinchera”, la cual era ofrecida por un combatiente a su madrina de guerra.
Reúne tres dimensiones muy poderosas: 1- la experiencia del soldado, 2- el vínculo afectivo con su madrina, y 3- la religiosidad surgida frente al peligro de muerte.
En nuestro País, el Paraguay, la figura de la madrina de guerra ya aparece durante la misma movilización en el año 1.928, pero adquiere una enorme importancia desde 1932 al comienzo mismo de la guerra del Chaco, que fue el conflicto belico entre Paraguay y Bolivia por el dominio territorial pretendido por parte de este ultimo. Los periódicos de la época, publicaban nombres de soldados que solicitaban una madrina; también existían madrinas de regimientos, de unidades y hasta de salas hospitalarias.
No se trataba necesariamente de una novia: podía ser una conocida, una mujer completamente desconocida, una estudiante, una dama de la Cruz Roja o alguien que adoptaba espiritualmente al combatiente.
La madrina escribía cartas, enviaba oraciones y preparaba paquetes con tabaco, yerba, dulces, papel, lápices, ponchos, mosquiteros y otros objetos difíciles de conseguir en el frente. En muchos casos utilizaba un seudónimo. Cuando el soldado no sabía escribir, un compañero o un oficial podía redactar la carta por él. La correspondencia servía para levantar la moral y, a veces, para comunicar a la familia que el combatiente todavía estaba vivo.
La relación podía ser maternal, fraternal, patriótica o amorosa. Algunas terminaron al finalizar la guerra; otras continuaron durante años y unas pocas desembocaron en matrimonios inclusive.-
Pero este intercambio no era únicamente de la madrina hacia el soldado. Los combatientes también remitían objetos hechos, grabados o adaptados por ellos mismos como señal de gratitud y recuerdo.
Hubieron casos en que los soldados enviaban a su madrina proyectiles que no había explotado. Otros tallaban las balas de cañon, que son verdaderas reliquias y para la otra entrega lo vamos a exponer. Las madrinas mantenian estos como un tesoro en su caso.
Por eso, la Virgen de quebracho encaja perfectamente en lo antes señalado como prueba de esta relacion soldado-madrina.-
Usamos la expresión de arte de trinchera, pues en nuestro País se ha utilizado para poder reunir objetos, dibujos, pinturas, grabados, poemas y manifestaciones creadas durante la campaña, frecuentemente con los materiales disponibles en el frente.
Hoy presentamos para deleite de Uds., y mas aun de aquellos que tuvieron un pariente en trincheras, entender la importancia, no solo historica sino de soporte emocional que represento a jovenes la misma primera linea de la contienda bélica.
Sostenemos que la elección de la Virgen, no pudo haber sido casual. La religiosidad mariana estuvo intensamente presente entre los combatientes nuestros. Tal es así que, la memoria histórica salesiana registra la distribución de decenas de miles de medallas de María Auxiliadora entre los defensores del Chaco, además de la actuación de sacerdotes y capellanes en el frente.
Debemos, tal vez, de ver a la talla La talla, dentro de un doble mensaje protector: La Virgen, como madre celestial que ampara al soldado frente a la muerte y La madrina de guerra, como presencia femenina y maternal que escribía, rezaba por él y lo sostenía desde la retaguardia.
Sin duda el acto de entregar una Virgen podía equivaler a: “Así como usted reza por mí, dejo bajo su cuidado esta imagen que me protegió o que representa mi fe”. Esto desde luego es interpretativo, mas es coherente con el contenido de las cartas y los regalos conservados.
En su contrafrente, surge a quien se ha dirigido, y el lugar en que se ha tallado, como su autor.-

